Rutas · · 12 min de lectura

La Sierra de Madrid

De Madrid a casi 1.800 metros sin coche: el carril de Colmenar, la temporada de puertos y las rutas que unen Morcuera, Canencia, Navafría y la Bola del Mundo desde la puerta de casa.

Cartel del puerto de la Morcuera, a 1.796 metros, con la sierra al fondo

Hay algo absurdo en salir de casa con el culotte puesto, esquivar un patinete en el primer semáforo y, cuatro horas después, estar mirando el valle del Lozoya desde lo alto de Morcuera. Madrid no parece una ciudad de puertos. Pero lo es. Solo hay que aceptar que el peaje para llegar a la montaña se paga en asfalto, rotondas y un carril bici que los sábados parece la M-30.

Este post va de eso: de cómo se sale de Madrid en bici, de lo que te espera cuando empieza la temporada de puertos y de por qué unir la sierra desde la ciudad, sin coche, tiene algo de épico que no te da ningún puerto aparcando abajo.

Para mí, todo empieza en el portal. Me gusta abrir la ruta desde la puerta de casa: bajar la bici a la calle, darle a empezar en la acera y saber que todo lo que pase ese día lo voy a hacer con mis piernas. Sin maletero, sin aparcamiento, sin atajos. Y me gusta todavía más cerrarla en el mismo sitio, horas después, con la sierra en las piernas y la ciudad otra vez alrededor, como si no me hubiera ido.

El embudo: el carril bici de Colmenar

Todo empieza en el mismo sitio. Montecarmelo, Cantoblanco, la Autónoma. Da igual desde qué barrio salgas: si vas a la sierra norte, acabas en el carril bici que corre paralelo a la M-607 hacia Tres Cantos y Colmenar Viejo.

Los números no engañan. Desde el inicio del carril hasta la gasolinera de Manzanares el Real hay unos 36 km y 550 metros de desnivel positivo. No es un paseo. Es un falso llano eterno que pica hacia arriba sin avisar, con su punto álgido en el Alto de la Encina, a la entrada de Colmenar, después de unos 20 km y más de 400 metros ganados casi sin darte cuenta. Las piernas sí se dan cuenta. Y te lo recuerdan en el último puerto.

La vuelta es otra historia: el carril se convierte en un tobogán hacia la ciudad, con viento a favor si hay suerte y con la cabeza en qué comer al llegar.

Hora punta en bicicleta

Un sábado a las nueve de la mañana, el carril de Colmenar es un ecosistema propio. Grupetas de veinte en doble fila. Triatletas acoplados que no miran atrás. Gente estrenando bici. Runners. Algún valiente en MTB con mochila. Y tú, intentando encontrar tu ritmo entre todo eso.

Hay que saber moverse ahí. Adelantar avisando, no hacer series donde no toca, aceptar que durante una hora vas a ir más lento de lo que quieres. Es la parte menos romántica de la ruta y, a la vez, una de las más reconocibles: si has salido de Madrid en bici, conoces ese carril como conoces tu calle.

Pero tiene su encanto. Es el sitio donde te cruzas con la grupeta de siempre, donde saludas a alguien que no sabes cómo se llama pero ves cada fin de semana, donde se nota que en esta ciudad hay muchísima gente con ganas de sierra.

La escapada: cuando la ciudad se queda atrás

Hay un momento concreto, siempre el mismo, en el que Madrid desaparece. Pasas Colmenar, dejas la última rotonda y el paisaje cambia de golpe: encinas, piedra, vacas, La Pedriza recortada al fondo y la sierra entera delante, todavía lejos pero ya real.

Bicicleta de carretera apoyada en un talud bajo un pinar, en lo alto de La Pedriza
En lo alto de La Pedriza, en el Collado de Quebrantaherraduras.

Ese momento es la razón por la que salgo desde casa en lugar de meter la bici en el coche. Porque la montaña se gana. La ves crecer kilómetro a kilómetro, y cuando por fin empiezas a subir no llegas en frío desde un aparcamiento: llegas con una larga hora de ciudad en las piernas y la sensación de haberte escapado de verdad. La misma calle por la que bajo a por el pan es la que me lleva, sin interrupciones, hasta los 1.800 metros.

Desde ahí, los caminos se abren. Hacia Manzanares y La Pedriza. Hacia Soto del Real o Guadalix y, de ahí, a Miraflores de la Sierra, la puerta de los grandes.

La temporada de puertos

La temporada va más o menos de primavera a otoño. Cuando se funde la nieve de arriba y hasta que el frío vuelve a poner hielo en las curvas de sombra. Son los meses en los que la sierra se llena de ciclistas y cada puerto tiene su personalidad.

Los puertos, en números
PuertoAltitudDesdeKm desde MadridDistanciaPendiente mediaDesnivel
La Pedriza (Quebrantaherraduras)~1.080 mManzanares el Real~48 km2,1 km8,3%~175 m
Morcuera1.796 mMiraflores~50 km8,6 km7%~600 m
Morcuera1.796 mGuadalix~42 km17 km~5,5%+900 m
Canencia (norte)1.524 mCruce M-604~90 km (por Morcuera)13 km3,6% (6,5% los últimos 4 km)~470 m
Canencia (sur)1.524 mMiraflores~50 km7,7 km5%~380 m
Navafría1.773 mLozoya~82 km (por Morcuera)11,4 km5,8% (7% los últimos 6 km)~660 m
Navacerrada1.858 mCercedilla~60 km7,5 km8%~600 m
Bola del Mundo~2.260 mPuerto de Navacerrada~68 km3 km11% (casi 700 m por encima del 15%)~330 m

Km desde Madrid: en bici desde la puerta de casa hasta el pie de cada puerto, medido sobre mis rutas de Strava (Cercedilla, estimado). Ida y vuelta a La Pedriza: unos 100 km y 900 metros de desnivel.

La Pedriza es corta, explosiva y está rodeada de granito. No es el puerto más duro, pero es el más bonito para una tarde entre semana y el que más veces he abierto desde el portal: salgo después del trabajo y estoy de vuelta para cenar. La excusa perfecta.

La Morcuera es regular, no afloja nunca y sus kilómetros más duros se esconden en la segunda mitad. Es el puerto que más se repite y el que mejor mide cómo estás.

Carretera serpenteando bajo un túnel de pinos que se cierra sobre el camino
Canencia, cuando los árboles te abrazan y sientes que entras en el bosque.

Canencia es la engañosa. Por el norte, nueve kilómetros de falso llano entre robles (mi tramo favorito) y luego cuatro finales que se te clavan. Por el sur, desde Miraflores, es el camino más directo al valle.

Navafría es tendido al principio y muy serio al final. Es el puerto más solitario del triángulo, con pinares cerrados y muy poco tráfico.

Navacerrada y la Bola del Mundo son otra liga. Y desde el puerto, si todavía te quedan ganas, la Bola: hormigón roto y rampas que no perdonan. Aquí no se sube, se sobrevive. Arriba, el mejor mirador de toda la sierra.

Camino de hormigón hacia la cima de la Bola del Mundo, con antenas al fondo bajo el sol
Ciclista subiendo en solitario cerca de la cima, con un refugio al fondo
El camino de hormigón a la Bola del Mundo, y lo que queda cuando ya casi has llegado.

Lo épico: unir puertos desde la ciudad

Subir un puerto está bien. Encadenarlos saliendo desde tu portal es otra cosa.

El secreto está en el valle del Lozoya. Morcuera, Navafría y Canencia forman un triángulo con Rascafría y Lozoya como bisagras. Bajas la Morcuera hasta Rascafría, ruedas unos 9 km de valle hasta Lozoya, subes Navafría, vuelves a bajar a Lozoya, tomas el cruce hacia Canencia y, desde su cima, desciendes a Miraflores cerrando el círculo. Entre puerto y puerto hay entre 30 y 40 km de valle.

“Lo justo para comer algo, beber en una fuente y recuperar antes de volver a sufrir.”

Plato con tortilla de patata y pan en la puerta de un bar de pueblo

Desde Guadalix, el triple sale a 110 km y 2.343 metros de desnivel. Si sumas la ida y la vuelta desde Madrid por el carril, la cuenta se dispara por encima de los 200 km. Una jornada de las que se recuerdan.

Una versión más asumible, y probablemente la clásica de muchos madrileños: Morcuera + Canencia desde casa. Unos 160 km y 2.200 metros. Sales con la ciudad dormida, subes la Morcuera por Miraflores, cruzas el valle, subes Canencia por el norte y bajas a Miraflores para volver por donde viniste. Cuando llegas a casa por la tarde, tienes la sensación de haber estado muy lejos viajando. Esta sensación no la aporta ninguna disciplina que conozco.

Hacia el oeste, la aventura es la Bola. Navacerrada por la vertiente madrileña, la Bola del Mundo, bajada a La Granja por las Siete Revueltas, Segovia y vuelta por el Alto del León. 130 km y casi 2.450 metros, con una subida continua de casi 1.400 metros desde Villalba hasta la cima. Es la ruta más alpina que se puede hacer desde Madrid.

Y si quieres cerrar el círculo completo, La Pedriza se engancha a todo esto por el sur: Manzanares, Soto del Real y Miraflores están a unos 15 km entre sí. Pedriza de aperitivo y Morcuera de plato principal.

Por qué hacerlo así

Se puede ir en coche hasta Miraflores, subir la Morcuera y estar comiendo en casa a las dos. Es eficiente. Pero se pierde algo.

Se pierde el carril lleno, la grupeta que te adelanta, el momento en que Colmenar se queda atrás y la sierra aparece. Se pierde la sensación de que la montaña empieza en tu puerta. Se pierde la vuelta cansado, con el sol cayendo sobre la ciudad y las piernas vacías.

Para mí, lo mejor de estas rutas no es la cima. Es el último kilómetro. Girar en mi calle, dejar la bici en el portal y mirar el reloj: ciento y pico kilómetros, dos o tres puertos y ni un metro en coche. La ruta se abrió y se cerró en la misma puerta. Entre medias, la sierra entera.

Madrid no tiene los Alpes. Pero tiene algo que muchas ciudades no tienen: la posibilidad de salir de casa en bici y estar a casi 1.800 metros antes del mediodía. Solo hay que salir a buscarlo.

Datos reales · Strava

Las rutas

Estas son las actividades reales de cada ruta, tal cual quedaron grabadas. Sígueme en Strava para ver el resto.

Desliza para ver las rutas →

Pedriza desde Madrid

Distancia
101.7 km
Desnivel +
901 m
Tiempo
3h 20min
Velocidad media
30,5 km/h

Morcuera + Canencia desde casa

Distancia
161.8 km
Desnivel +
2210 m
Tiempo
5h 59min
Velocidad media
27,0 km/h

Canencia por Miraflores desde Madrid

Distancia
109 km
Desnivel +
1405 m
Tiempo
3h 40min
Velocidad media
29,7 km/h

Triple del Lozoya desde Guadalix

Distancia
109.8 km
Desnivel +
2343 m
Tiempo
4h 41min
Velocidad media
23,4 km/h

Bola del Mundo desde Galapagar

Distancia
130.4 km
Desnivel +
2446 m
Tiempo
5h 32min
Velocidad media
23,6 km/h
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